Quilombo en el diccionario dícese de un “lupanar” = “prostíbulo”, también se puede interpretar como “jaleo”, pero como me gusta tanto la palabrita he decidido llamarlo con “K” y el concepto que le doy es que el vivir con mamá es algo divertido. No sé si queda claro. Pero mi fantasía literaria todo me lo permite, y me importa un pito lo que piensen los literatos. Cuando llegué a vivir con mi viejita, ella tenía sesenta y algo de años. Una mujer vital. Aún trabajaba y por ende llevaba la casa, es decir no tenía Nana, por lo que cuando llegué con mis críos y mi Nana a cuestas, ésta le vino de perillas.
De ello ya han transcurrido casi dos décadas.
Cada día que pasa observo detenidamente a mamá. Está envejeciendo paulatinamente.
Veo a diario como lucha por no llegar a muchas cosas típicas de los viejitos, pero inevitablemente se llega. Quiéralo uno o no.
Válgame Dios la que me espera.
Vayan tomando nota, por si alguien envejece junto a sus viejos.
Hoy me detuve en su dormitorio, y me he dado cuenta que sus paredes están adornadas con fotos y más fotos. Ya no importa el color del marco, ni la calidad ni el tamaño, lo que importa es la foto. Mientras ambas íbamos limpiando los marcos de éstas, nos íbamos deteniendo en cada una de ellas, y hacía sus comentarios.
Hay una que desenterró no sé de dónde, en donde está con mi abuela y sus cinco hermanos, ella tiene 3 años. Me dijo “mira ¡qué linda era yo!”, afirmé con la cabeza, y le contesté en tono de pregunta, “tú tan rubia mami, por qué ninguno de nosotros salió a ti?,”, y me contestó de inmediato “es que predominó la piel de tu papá”, me embarró ¡de una!, no necesitó decirme que mis otros hermanos y yo somos negros, a pesar que ahora confieso que con los años las cuatro hermanas somos rubias. Curioso, por decir lo menos, y además negra y todo reconozco que un día anduve por la vida rubia y de ojos azules, Juré que mataba, pero ni una liebre saltó. Así que esto de que las rubias tengan más éxito, definitivamente no.
Ya me desvié del tema. Es que este asunto de que a una le guste escribir es algo que fluye y fluye…En qué estaba?, ah!... Pelando a mamá
Luego, con nostalgia y algo de picardía mamá miró aquella foto en que está de luna de miel en Buenos Aires, suspiró profundo, “ahí estoy con mi viejo”, y agrega “en esta foto ya me había faltado el respeto”. Y yo contesté, “se te nota en la cara”, sonrió y con voz temblorosa me dijo: “tengo un hermoso recuerdo de aquellos días, Samuel fue un hombre amoroso y delicado conmigo”. “En ese viaje inolvidable de 20 días de luna de miel, que ahora los novios, al parecer no necesitan ”. Y yo le contesto “Es que ahora la sandía ya está calá poh mami, qué chiste tiene si ya no hay novedad en el asunto?”.
El repaso por la galería de fotos terminó como todo lo nuestro, medio peleadas, y es que basta con que se acuerde de algo que le hizo papá, y saca a relucir su rencor de elefante y se pone a pelar a mi viejo que tranquilito debe estar allá arriba sin molestar.
El glamour que solía acompañar a mamá de joven, ya va quedando poco.
Ya no usa pantys. Sólo en ocasiones muy especiales. Usa calcetas de media, es decir le llegan bajo la rodilla y la falda le tapa el borde de éstas, pero cuando se sienta ya se le ve el “detalle”, y ello es un evidente signo de que ya no le importa como la vean.
Ella está en “su casa” y anda y se viste “como quiere”. Y, “¡total! –dice- A la única parte que salgo es al Súper y a comprar el pan”.
Cuando hace frío, y –evita quiridi encender estufa- entonces a la tenida le agrega calcetines de lana diseñados con rombos, que aún quedan de su viejo (Q.E.P.D.), sobre sus hombros una mañanita color neutro –digo yo- porque es un rosado sandía que le viene con todo, hasta con el naranjo. La forma de abrigarse el tambembe es un chaleco sin mangas que se lo pone de la cintura hacia abajo…¿…?. Y cuando ya el frío es de aquellos que ya castañean los dientes, se envuelve en una mantita de polar. Menos mal que vivimos en departamento y lado norte, porque no imagino como andaría vestida si viviéramos en casa…
Pienso, menos mal que una de sus hijas –la pelolais- nunca la viene a ver, porque francamente entraría en shock al verla en esta facha, y peor aún, cuando cocina se pone su delantal con guatita incluida
Yo la miro con ternura y simpatía, y digo para mi misma “mi mamita está para enviarla al programa de televisión no te lo pongas”.
Cualquiera creería que no tiene ropa que ponerse, pero la vieran como sale de emperifollada cuando la invitan a salir. Fácil 3 horas en puro arreglo. Lavado de pelo, postura de ondulines, mil mariguancias para cubrir la peladita, el estuque de cara, y en fin…. Tanto es el cambio de look, que hasta los conserjes la desconocen. Ya que así le dicen “¿Cómo está señora?”, y cuando anda de “diario”, ¿Cómo está abuelita?...y se pica.
Anda que la pilla la edad en el manejo, pero igual parte en su coche para donde está vueltas, no se complica en absoluto, y debo decir, sin ánimo de ofenderla, que ya es un peligro que conduzca, puesto que está bien sordita, y existen muuuchos detalles que así lo indican, por ejemplo, no alcanza a cachar que el motor le está pidiendo el siguiente cambio, entonces quien vaya de copiloto debe advertirle que ya es hora de… y obviamente se molesta y con orgullo manifiesta: “Miren ve, a mí me van a enseñar a manejar, si ya hace como cincuenta que manejo y nunca he tenido problemas”, y de picá pega la acelerada. He logrado imponerme últimamente y no la dejo, porque corre riesgo mi colon, mis jaquecas y/o lumbagos. Me adueño de las llaves y punto. Pero el mejor anzuelo es decirle, “manejo yo para que se tome un copetín tranquila”. Porque una de las tantas cosas que he descubierto cuando se llega a cierta edad es que a las veteranas les comienza a gustar el copete, pero disfrazan el asunto con que el vino tinto es bueno por lo del “anti-oxidante”, y con ese argumento “métale y póngale”, pero doy fe de que la Artemes (mi amiga de 91) le pone todos los santos días, y diría que hay días que los multiplica por dos. ¡Uy! Que peladora estoy…

Cuando llega la hora de dormir, es la infaltable camisa de moletón, en invierno, y de batista en verano, colores rosado, celeste o verde agua –pareciera ser que no hay de otros-y cuello bebé, ¿habrá conocido mamá el baby-doll?, mejor me pregunto ¿cómo seducía a papá?, o este asunto de vestirse así es cruzando cierta edad?... en unos años más lo sabré…
Otra curiosidad que he descubierto. Uno acostumbra a dormir con una almohada, pero ya mamá va en la número 3, a diferencias de la Artemes que ya duerme sentada.
No sé qué afán es ese de acumular un montón de almohadas que ocupan hasta la mitad de la cama.
¡Ah! Y a propósito de noches, le encantan las películas a mamá, y sagradamente se pone sus audífonos, pero aquellos de orejas grandes, -se ve ¡divine!- de lo contrario el volumen es de 25, por lo tanto escucha hasta el vecino…y quien sabe si el conserje.
Pero esta postura de audífonos es porque la muy zorrita ve sus películas subidas de tono, refiérome a sexo incluido, entonces hace sus “remember” y se mete tanto en la escena que ni cuenta se da que uno entra al dormitorio y la cacha en estas movidillas nocturnas.
Sin ir más lejos un día hablamos de rehacer nuestras vidas, terminamos agarradas del moño y ¿cómo si no?. Ella dijo “si conociera a alguien para pasar el resto de mi vida acompañada, no me fijaría en uno setentón, tendría que ser uno sesentón”, yo la miré perpleja, y tartamudeando le contesté “pe- pero mami ¿qué qué onda usted?, es ¿qué acaso pretende quitarme al gordo?... Achicó sus ojos, me miró displicente y más encima me respondió, “nunca me han gustado los gordos”.
No me puse celosa y saben qué? no me importaría, porque el gordo ¡ya ni sopla!...
Celeste