jueves, 21 de julio de 2011

IIª PARTE ¡TRÁGAME TIERRA! (CAZUELITA DE CHAMPAGNE)

RECUERDOS DE ARICA…. Entrando a la vida social
A la semana siguiente de mi Licenciatura y mi espectacular estreno en sociedad junto a mi distinguido príncipe consorte, él siguió invitándome a salir, -aunque reconozco que pensé que nunca más me invitaría a algún lugar, después del numerito que me mandé- pero no, fíjense. A él le causaba muchísima gracia esto de andar “educando protocolarmente a una mocosa recién salida del colegio”.  Aquella vez me llevó al lugar más top de Arica para ir a cenar. ¡Un paraíso!  –a mi parecer en mis inicios de vida mundana-.
No, de verdad era un lugar muy bonito.  Era el Motel Azapa. No, no, no, vamos aclarando de inmediato que no era lo que están pensando, por lo menos hasta esa fecha “nones de mi parte”, y  mami acostumbraba a ponernos entre medio de las rodillas una pastillita de menta y ésta no se nos podía caer, ¡ja-ja-ja! –¿imaginan mi caminar?.- Bueno, el caso es que tenía un restaurante en medio de una  vegetación idílica con hermosos  pájaros exóticos. Y ahí llegamos a cenar.


Logicamente yo estaba nerviosa. Primera vez en mi vida que me entregaban una “carta” para elegir el menú, y, “atarantada que soy” –hasta hoy-, la abrí de inmediato.
El mozo a nuestro lado, se dirige a mí: -¿qué se va a servir la señorita?... Sinceramente no me fijé en el título de cada página, por lo que no me percaté que la primera hoja decía “Aperitivos”;  y tampoco sabía que se “usa” tomar aperitivo o vino antes de comer…no entiendo como crestas mi mamá no nos preparó para salir a la vida social, o yo fui muy precoz?...parece que sí, por no decir por lo claro que era una agrandada de mierda.

Bueno, como decía, el joven mozo reitera la pregunta: ¿qué se va a servir la señorita? –lo cual yo interpreté como ¿qué va a comer la señorita?, entonces como ya dije, sólo vi la primera página sin su título, y contesté muy sabihonda y dándome importancia: “cazuela de champagne”,  “¡ya!” -dijo Pablo-, “yo quiero un pisco sour, y le pediré de inmediato lo otro”, y dirigiéndose a mi, “Celeste, ¿qué vas a comer?.”. Lo miré extrañada y en tono de pregunta respondí: “¿Comer…?, no, no Pablo si yo con la cazuelita quedo satisfecha”. Se miraron ambos, el mozo y Pablo, no entendiendo mi respuesta, y quizás  pensando el garzón -¡puchas la mina pá ignorante!-, Pero en cambio, Pablo con su sonrisa comprensiva y enternecido, me explica: “Celeste, ¿sabes qué es la cazuela de champagne?... ”eh!...a decir verdad” –mientras me ponía colorada porque ya cachaba que estaba metida en un forro por dármelas de entendida- “¡no sé!... ¿qué es?”, y ahí me explicó lo del champagne con piña. ¡Plop!, otra vez quedando como las pelotas.
¡Qué plancha!, y yo internamente súper enojada con mi mamá, ¿cómo me dejaba salir al mundo así?. Claro, por lo mismo el romance duró lo que dura un “peo adentro de un canasto” (sí sé que se escribe “pedo”, pero no olvidar que soy pensamiento escrito, y además chilensis).
Debo agregar ¡pá pior! Que la cosa no terminó ahí.
Llegó la cena a nuestra mesa, yo pedí mariscos, ¡hum!, ricos, y ahí estaban en un platito los limoncitos de pica, famosos, y vamos aliñando mi platito. Agarré el limón ya partido por la mitad y lo aprieto con ganas, y qué no el jugo me salta en dirección a un ojo, me dolió más que la c… y obviamente lo apreté y me refregué éste quedando de inmediato con el ojo en tinta. ¿Y cómo si no?, sí el rímel me lo echaba por kilos y además en aquellos años no se usaban “a prueba de agua”, o por lo menos el bille no me daba para ello.
Quedé tan ¡re-linda!, y también salí jurando de ahí que no iría nunca más.
Pero un día volví. jí-jí.
Celeste

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