jueves, 4 de agosto de 2011

"LA ASISTENTE ASISTIENDO EN UN FUNERAL"

CONSOLANDO A LA ABUELITA


El día del funeral de Juan, el esposo de Rosita, amaneció gris y de cielo amenazante, Cloé preocupada de todos los detalles del funeral, no tomó precauciones por si llovía aquel día, así es que asistió a la misa y al sepelio con un sencillo vestido y un blazer ad-hoc a la ocasión, y obviamente sin paraguas.
Su prioridad aquella tarde fue la de preocuparse de consolar y acompañar a  la abuelita del difunto, por lo que ambas, cuando salieron de la Iglesia se fueron juntas hasta el cementerio, y cuando ya iban los familiares caminando detrás del carro con la urna, comenzó a llover, por lo que por ahí alguien precavido le prestó un paraguas a Cló y con éste cubrió a la abuela para que no se mojara, y así se fueron caminando juntas detrás de toda la comitiva.

Como la viejecita era chiquita, ella hubo de agacharse un poco para no desprotegerla y le hablaba con palabras dulces dándole ánimo, y así es como iba enfrascada en su papel de “asistente” cuando no sabe cómo ni cuándo ¡zaz! se cayó a un profundo hoyo que estaba esperando a otro alojado, que no era ni Juan y menos ella sin cajón…
Y se arma la gorda en aquel entierro, los conductores del carro dejaron de lado el difunto para ir a socorrer a la señorita Asistente la que estaba al fondo del hoyo con la patas paradas para arriba, mostrando hasta el mismísimo desayuno. “¡Ay!...¡Ayayay!” –gritaba la Cló- “¡ayúdenme por favor!”, entre medio ella alza la mirada hacia arriba y jura que vio a toda la familia, incluyendo al difunto, mirándola a ella como pataleaba en el barro por tratar de pararse. Finalmente un funcionario del cementerio se condolió con ella y se tiró al hoyo también, ¡cual súper héroe para rescatarla…!
Así fue como volvió a formarse la fila de dolientes y continuaron la marcha junto al difunto…y ¿qué creen que hizo Cloé?... a pesar de que había quedado toda embarrada y abochornada con el episodio recién pasado… ¡siguió acompañando a la abuelita y hablándole como si ahí no hubiese pasado nada!...
Al día siguiente se presentó a trabajar, tan digna y profesional como siempre… esperando el siguiente caso para atender diligentemente.
Celeste

CLOÉ...LA ASISTENTE SOCIAL


COSCACHOS INESPERADOS
Siempre he admirado a las Asistentes Sociales, primero porque no hay dudas que tienen una gran vocación, especialmente por prestar oídos a problemas ajenos y segundo, que éstos los deben solucionar, aún a riesgo de su propia vida.
Pero de todas las profesionales que he conocido, como Cloé no hay otra igual.
Como ya saben, ella trabaja en una gran empresa de pollos congelados, y por ende tiene muchos casos que atender…
Desgraciadamente un día debió dar una triste primicia a la mujer de un conductor de uno de los camiones de la empresa, éste se había accidentado y falleció en el mismo lugar. Por lo que  ella tuvo que comunicar a la viuda “sí o sí” tan fatal noticia.
Era la primera vez que debía dar tal información, y en el trayecto desde la empresa a la vivienda del difunto, ensayó en su mente mil maneras de decirle a la señora Rosita como es que su marido había pasado a mejor vida. “La abrazaré apenas la vea”;  “no, mejor espero a que estemos solitas”; “¿cómo empezaré  a decirle?”; “¡qué terrible! ¿por qué crestas me toca esto a mí?”, “¡qué difícil!”. “Debería haber venido conmigo alguien de recursos humanos”. “Me mandan con el chofer, y él ¿en qué me puede ayudar?…” y así llegó a la casita de población humilde, muy bonita y acogedora. Tocó la puerta y sale a abrir una abuelita, y ésta le dice que pase, que la Rosita está en el patio. 
Cloé pensó que sería mejor que no estuviese presente la abuelita, así es que ella misma salió al patio y comenzó a decirle a Rosita que: “lamentablemente Juan había tenido un accidente y…”; no alcanzó a terminar de dar la mala noticia, cuando la mujercita se abalanzó sobre ella con un grito desgarrador que casi la dejó sorda, y comenzó a darle de puñetes a la pobre Cloé, y a mechonearla como si hubiese sido una muñeca de trapo, porque para peor, la Cló es flaca y menuda.
La abuelita no cachaba una de lo que pasaba. Repetía insistentemente, -lo que recuerda Cloé-,  ¿ésta es la otra?, ¿ésta es la otra?...
Afuera el chofer esperando, escuchaba aquellos gritos de ambas mujeres y pensaba “tan histéricas que son las minas”, sin imaginar siquiera que a Cloé la iban a mandar de vueltas a la empresa toda cacheteada y mechoneada.
Continuará…
No se pierda “El Funeral”
Celeste

lunes, 1 de agosto de 2011

PRIMERA HISTORIA : "LA ASISTENTE SOCIAL DE ARMAS TOMAR"


Cloé se desempeña como Asistente Social en una gran empresa de pollos congelados.  Ella es una simpatía de mujer, y sin dejar de serlo cumple su labor en forma muy eficiente, incluso, la mayoría de las veces, sin importar su integridad física.
Y es aquí donde pretendo contar algunas de sus anécdotas, que dentro de lo serias que son y reales, no dejan de ser divertidas
Un día llegó la Guillermina a su oficina  con un ojo en tinta, un chichón en la frente, el pelo revuelto, toda llorosa, acusando a su conviviente, el Ruperto, quien había llegado la noche anterior con  una que otra copa de vino  almacenada en el cuerpo, y con hambre el fulano, se cumple a cabalidad lo que siempre dice mi hermano “El poder del hambre sobre el hombre”, porque díganme ustedes si conocen algún hombre que no se ponga mal genio con hambre? . Bueno, como decía, al Ruperto le dieron toditas las mañas al ver que la  Guille no le tenía lista la comida.  
-Señorita, le decía medio lloriqueando a Cloé,  ¡qué comida le iba a tener! si me dice que está choriao` de comer cogote y patas e’pollo.
- Pero mujer, por último le hubieras tenido una  papitas cocidas- le dijo Cloé.
- ¡Si no tenía ningún peso señorita!, y él tenía que llegar con la plata y  se la tomó.-  y sollozando la pobre mujer, agregó  -no aguanto más señorita el abuso del Ruper y todo porque yo soy chicoca y él es tan re-bruto.
Cloé mientras miraba a la mujer y le escuchaba su afligido relato, iba pensando: “se le acabó a este pelotas el recreo, le daré una lección que nunca se le olvidará”.







El Ruperto era cargador de los camiones en la empresa de pollos, y la Guille era la aseadora del sector donde trabajaba la Asistente.
Cloé tomó el citófono y llamó por alto parlante al Ruper. La Guille, tremendamente asustada  suplicaba: “Señorita, no por favor, que él no me vea aquí, porque me va a sacar más la cresta todavía”.
-¡Quédate callada tú! –le dijo Cloé- yo sé lo que hago..., ponte ahí detrás de la puerta.
Entró el Ruperto haciéndose el chistoso.
-Da gusto entrar aquí señorita, y verla a usté ¡tan re-bonita!. Cloé estaba enfurecida. Se levantó de su silla y en dos zancadas estuvo enfrente de Ruperto, y en un  descontrol desconocido para ella hasta ese momento, se le abalanzó encima y lo cacheteó bien cacheteado, le tiró las mechas, lo pateó y más encima lo rasguñó. Al parecer. la Cló le puso varios nombres al Ruperto y este pobre pagó el pato por todos los imbéciles que la habían hecho sufrir a ella, y por todas las Guillerminas del mundo también.
El Ruper, estupefacto, no cachaba una, sólo trataba de esquivarla y le repetía constantemente, “señorita, ¿qué le pasa?, ¿usted se volvió loca?.
-¡No imbécil!, no me he vuelto loca, esto es para que en tu perra vida vuelvas a tocar a la Guillermina, ¿me oíste marucho de mierda?.- jadeaba la Cló de puro cansada-  Y ahora,¡ sale de mi vista!, y si alguien te pregunta qué te pasó, diles que te caíste en las escaleras mojadas. Y ya sabes, tú tocas a la Guille otra vez y conmigo te las vas a ver!!...
Y salió el hombre de la oficina muy asustado, jamás imaginó una reacción de tal magnitud de la señorita Asistente.
La Guille no podía creer que él ni cuenta se dio que ella estaba ahí tras la puerta.
Al otro día, el Ruper bien acholado apareció en la oficina de Cloé, pidiéndole disculpas y jurándole que nunca más le pegaría a ninguna mujer, y parece que aprendió la lección, pues quejas no se han vuelto a escuchar.
El problema es que la Cló quiere que aparezca otro “maltratador” para ella poder desahogarse, porque ¡ay qué le sirvió pegarle al Ruperto!, porque en él, todas sus neuras  descargó.

jueves, 21 de julio de 2011

IIª PARTE ¡TRÁGAME TIERRA! (CAZUELITA DE CHAMPAGNE)

RECUERDOS DE ARICA…. Entrando a la vida social
A la semana siguiente de mi Licenciatura y mi espectacular estreno en sociedad junto a mi distinguido príncipe consorte, él siguió invitándome a salir, -aunque reconozco que pensé que nunca más me invitaría a algún lugar, después del numerito que me mandé- pero no, fíjense. A él le causaba muchísima gracia esto de andar “educando protocolarmente a una mocosa recién salida del colegio”.  Aquella vez me llevó al lugar más top de Arica para ir a cenar. ¡Un paraíso!  –a mi parecer en mis inicios de vida mundana-.
No, de verdad era un lugar muy bonito.  Era el Motel Azapa. No, no, no, vamos aclarando de inmediato que no era lo que están pensando, por lo menos hasta esa fecha “nones de mi parte”, y  mami acostumbraba a ponernos entre medio de las rodillas una pastillita de menta y ésta no se nos podía caer, ¡ja-ja-ja! –¿imaginan mi caminar?.- Bueno, el caso es que tenía un restaurante en medio de una  vegetación idílica con hermosos  pájaros exóticos. Y ahí llegamos a cenar.


Logicamente yo estaba nerviosa. Primera vez en mi vida que me entregaban una “carta” para elegir el menú, y, “atarantada que soy” –hasta hoy-, la abrí de inmediato.
El mozo a nuestro lado, se dirige a mí: -¿qué se va a servir la señorita?... Sinceramente no me fijé en el título de cada página, por lo que no me percaté que la primera hoja decía “Aperitivos”;  y tampoco sabía que se “usa” tomar aperitivo o vino antes de comer…no entiendo como crestas mi mamá no nos preparó para salir a la vida social, o yo fui muy precoz?...parece que sí, por no decir por lo claro que era una agrandada de mierda.

Bueno, como decía, el joven mozo reitera la pregunta: ¿qué se va a servir la señorita? –lo cual yo interpreté como ¿qué va a comer la señorita?, entonces como ya dije, sólo vi la primera página sin su título, y contesté muy sabihonda y dándome importancia: “cazuela de champagne”,  “¡ya!” -dijo Pablo-, “yo quiero un pisco sour, y le pediré de inmediato lo otro”, y dirigiéndose a mi, “Celeste, ¿qué vas a comer?.”. Lo miré extrañada y en tono de pregunta respondí: “¿Comer…?, no, no Pablo si yo con la cazuelita quedo satisfecha”. Se miraron ambos, el mozo y Pablo, no entendiendo mi respuesta, y quizás  pensando el garzón -¡puchas la mina pá ignorante!-, Pero en cambio, Pablo con su sonrisa comprensiva y enternecido, me explica: “Celeste, ¿sabes qué es la cazuela de champagne?... ”eh!...a decir verdad” –mientras me ponía colorada porque ya cachaba que estaba metida en un forro por dármelas de entendida- “¡no sé!... ¿qué es?”, y ahí me explicó lo del champagne con piña. ¡Plop!, otra vez quedando como las pelotas.
¡Qué plancha!, y yo internamente súper enojada con mi mamá, ¿cómo me dejaba salir al mundo así?. Claro, por lo mismo el romance duró lo que dura un “peo adentro de un canasto” (sí sé que se escribe “pedo”, pero no olvidar que soy pensamiento escrito, y además chilensis).
Debo agregar ¡pá pior! Que la cosa no terminó ahí.
Llegó la cena a nuestra mesa, yo pedí mariscos, ¡hum!, ricos, y ahí estaban en un platito los limoncitos de pica, famosos, y vamos aliñando mi platito. Agarré el limón ya partido por la mitad y lo aprieto con ganas, y qué no el jugo me salta en dirección a un ojo, me dolió más que la c… y obviamente lo apreté y me refregué éste quedando de inmediato con el ojo en tinta. ¿Y cómo si no?, sí el rímel me lo echaba por kilos y además en aquellos años no se usaban “a prueba de agua”, o por lo menos el bille no me daba para ello.
Quedé tan ¡re-linda!, y también salí jurando de ahí que no iría nunca más.
Pero un día volví. jí-jí.
Celeste

sábado, 16 de julio de 2011

PARTE I ¡TRÁGAME TIERRA!


RECUERDOS DE ARICA…. Entrando a la vida social





Corría el año…, no,  el  año no se puede decir, digamos que era cuando los militares estuvieron súper de moda, y para no ser menos y como siempre ando a la moda, yo pololeaba con uno de ellos, justo en la época en que me licenciaba de cuarto medio.
En esos tiempos se usaban los trajes largos, y los morlacos por casa andaban bastante escasos, así es que me acomodé como pude el vestido con el que se había licenciado mi hermana mayor el año anterior, era bien bonito, y yo me veía linda. Peinada de peluquería, mis pestañas largas muy maquilladas le daban un realce especial a mi simpática mirada. Sobre  mis hombros colgaba en forma casual un tapado de brocato que mamá había mandado a achicar para que yo por lo menos me viera con algo “nuevo”, y recuerdo las palabras textuales de mi progenitora: “una hija mía no puede desentonar acompañada de un oficial” …
Mi mamá… ni sospechaba ¡cómo iba yo a desentonar!...


Mi buen acompañante de entonces, como buen militar, llegó muy puntual a buscarme a casa, tan puntual que cuando llegamos al Casino, ni siquiera abrían las puertas, es más, fuimos los primeros en llegar.
Entonces Pablo, gentil que era, y con bagaje en lo social (ya era Teniente) y yo recién una cabra chica de 17,  me invitó a que nos tomáramos un aperitivo en el Hotel El Paso, que quedaba justo al lado del Casino.
Yo me creía la muerte con mi tenida y mis tacos altos color blanco,  con una correa en el talón, que se me salía a cada rato, y no acostumbrada a los tacos “aguja”,  caminaba como bailando, pero digna, siempre digna.
Entramos al bar y nos sentamos en una mesa, que nunca olvidaré, -para mi todo era novedad- la cubría un mantel, encima había un cenicero, un porta servilletas y no sé por qué diablos, pero también había un “azucarero”.
Llegó el mozo y ofreció  aperitivo. Haciéndome la “putifrunci” pedí una “primavera suave”, él pidió una vaina, y mientras esperábamos yo recorría con la mirada el lugar. En la barra había unos extranjeros tomando cerveza, y en una que otra mesa algunas parejas.
Nos tomamos nuestros aperitivos, Pablo miró la hora y me dijo: “vamos caminando porque ya deben haber llegado tus compañeras”,, pagó la cuenta y acto seguido  y caballeroso que era –igualito como son ahora los varones-  se paró de su asiento para retirar mi silla, y todo sucedió en unos locos segundos.
Me paré de la silla y de inmediato me di cuenta que los tacos de mis zapatos se me habían enredado en el ruedo del vestido, entonces rápida que soy para resolver mis problemas, me dije: me siento, saco los tacos del ruedo del vestido y ¡listo!, todo en una fracción de segundos, pero no contaba con la caballerosidad de Pablo, quien ya me había retirado la silla, así es que cuando me vi sin sostenedor de tambembe, me agarré  del mantel de la mesa  y me fui de “espalditas al suelo con mantel y azucarero incluido”, paré las patitas, como se dice, y el “caballero” con que yo creía que andaba, en vez de pararme de inmediato ante tal bochorno, ¡sentóse a reír de mí!...¡valor!... y en conjunto con todos los presentes del lugar, también los que se reían  en otro idioma.
Pero ello no sería nada, el azucarero me cayó en la cara y quedé con azúcar en las pestañas y el pelo escarmenado con que andaba, y pá que decir como sentía el azúcar entre medio de las pechugas.
El que solícito  ayudó a pararme del suelo, por supuesto que fue el mozo, y salí caminando con la frente muy en alto, con mi porte de reina jurando que nunca más volvería a entrar a ese bar.
Y nunca más entré.
Celeste


jueves, 14 de julio de 2011

VIVIR CON MAMÁ ES UN KILOMBO





Quilombo en el diccionario dícese de un “lupanar” = “prostíbulo”, también se puede interpretar como “jaleo”, pero como me gusta tanto la palabrita he decidido llamarlo con “K” y el concepto que le doy es que el vivir con mamá es algo divertido. No sé si queda claro. Pero  mi fantasía literaria todo me lo permite, y me importa un pito lo que piensen los literatos.
Cuando llegué a vivir con mi viejita, ella tenía sesenta y algo de años. Una mujer vital. Aún trabajaba y por ende llevaba la casa, es decir no tenía Nana, por lo que cuando llegué con mis críos y mi Nana a cuestas, ésta le vino de perillas.
De ello ya han transcurrido casi dos décadas.
Cada día que pasa observo detenidamente a mamá. Está envejeciendo paulatinamente.
Veo a diario como lucha por no llegar a muchas cosas típicas de los viejitos, pero inevitablemente se llega. Quiéralo uno o no.
Válgame Dios la que me espera.
Vayan tomando nota, por si alguien envejece junto a sus viejos.
Hoy me detuve en su dormitorio, y me he dado cuenta que sus paredes están adornadas con fotos y más fotos. Ya no importa el color del marco, ni la calidad ni el tamaño, lo que importa es la foto. Mientras ambas íbamos limpiando los marcos de éstas, nos íbamos deteniendo en cada una de ellas, y hacía sus comentarios.
 Hay una que desenterró no sé de dónde, en donde está con mi abuela y sus cinco hermanos, ella tiene 3 años. Me dijo “mira ¡qué linda era yo!”, afirmé con la cabeza,  y le contesté en tono de pregunta, “tú tan rubia mami, por qué ninguno de nosotros salió a ti?,”, y me contestó de inmediato “es que predominó la piel de tu papá”, me embarró ¡de una!, no necesitó decirme que mis otros hermanos y yo somos negros, a pesar que ahora confieso que con los años las cuatro hermanas somos  rubias. Curioso, por decir lo menos, y además negra y todo reconozco que un día anduve por la vida rubia y de ojos azules, Juré que mataba, pero ni una liebre saltó. Así que esto de que las rubias tengan más éxito, definitivamente no.
Ya me desvié del tema. Es que este asunto de que a una le guste escribir es algo que fluye y fluye…En qué estaba?, ah!... Pelando a mamá
Luego, con nostalgia y algo de picardía mamá miró aquella foto en que está de luna de miel en Buenos Aires, suspiró profundo, “ahí estoy con mi viejo”, y agrega “en esta foto ya me había faltado el respeto”. Y yo contesté, “se te nota en la cara”, sonrió y con voz temblorosa me dijo: “tengo un hermoso recuerdo de aquellos días, Samuel fue un hombre amoroso y delicado conmigo”. “En ese viaje inolvidable de 20 días de luna de miel, que ahora  los novios, al parecer  no necesitan ”. Y yo le contesto “Es que ahora la sandía ya está calá poh mami, qué chiste  tiene si ya no hay novedad en el asunto?”.
El repaso por la galería de fotos terminó como todo lo nuestro, medio peleadas, y es que basta con que se acuerde de algo que le hizo papá, y saca a relucir su rencor de elefante y se pone a pelar a mi viejo que tranquilito debe estar allá arriba sin molestar.
El glamour que solía acompañar a mamá de joven, ya va quedando poco.
Ya no usa pantys. Sólo en ocasiones muy especiales. Usa calcetas de media, es decir le llegan bajo la rodilla y la falda le tapa el borde de éstas, pero cuando se sienta ya se le ve el “detalle”, y ello es un evidente signo de que ya no le importa como la vean.
Ella está en “su casa” y anda y se viste “como quiere”. Y, “¡total! –dice- A la única parte que salgo es al Súper y a comprar el pan”.
Cuando hace frío, y –evita quiridi encender estufa- entonces a la tenida le agrega calcetines de lana diseñados con rombos, que aún quedan de su viejo (Q.E.P.D.), sobre sus hombros una mañanita color neutro –digo yo- porque es un rosado sandía que le viene con todo, hasta con el naranjo. La forma de abrigarse el tambembe es un chaleco sin mangas que se lo pone de la cintura hacia abajo…¿…?.  Y cuando ya el frío es de aquellos que ya castañean los dientes, se envuelve en una mantita de polar. Menos mal que vivimos en departamento y lado norte, porque no imagino como andaría vestida si viviéramos en casa…
Pienso, menos mal que una de sus hijas –la pelolais- nunca la viene a ver, porque francamente entraría en shock al verla en esta facha, y peor aún, cuando cocina se pone su delantal con guatita incluida

Yo la miro con ternura y simpatía, y digo para mi misma “mi mamita está para enviarla al programa de televisión no te lo pongas”.
Cualquiera creería que no tiene ropa que ponerse, pero la vieran como sale de emperifollada cuando la invitan a salir.  Fácil  3 horas en puro arreglo. Lavado de pelo, postura de ondulines, mil mariguancias para cubrir la peladita, el estuque de cara, y en fin…. Tanto es el cambio de look, que hasta los conserjes la desconocen. Ya que así le dicen “¿Cómo está señora?”, y cuando anda de “diario”, ¿Cómo está abuelita?...y se pica.
Anda que la pilla la edad en el manejo, pero igual parte en su coche para donde está vueltas, no se complica en absoluto, y debo decir, sin ánimo de ofenderla,  que ya es un peligro que conduzca, puesto que está bien sordita, y existen muuuchos detalles que así lo indican, por ejemplo, no alcanza a cachar que el motor le está pidiendo el siguiente cambio, entonces quien vaya de copiloto debe advertirle que ya es hora de… y obviamente se molesta y con orgullo manifiesta: “Miren ve, a mí me van a enseñar a manejar, si ya hace como cincuenta que manejo y nunca he tenido problemas”, y de picá pega la acelerada. He logrado imponerme últimamente y no la dejo, porque corre riesgo mi colon, mis jaquecas y/o lumbagos. Me adueño de las llaves y punto. Pero el mejor anzuelo es decirle, “manejo yo para que se tome un copetín tranquila”. Porque una de las tantas cosas que he descubierto cuando se llega a cierta edad es que a las  veteranas les  comienza a gustar el copete, pero disfrazan el asunto con que el vino tinto es bueno por lo del “anti-oxidante”, y con ese argumento “métale y póngale”, pero doy fe de que la Artemes (mi amiga de 91) le pone todos los santos días, y diría que hay días que los multiplica por dos. ¡Uy! Que peladora estoy…


Cuando llega la hora de dormir, es la infaltable camisa de moletón, en invierno, y de batista en verano, colores rosado, celeste o verde agua –pareciera ser que no hay de otros-y cuello bebé, ¿habrá conocido mamá el baby-doll?, mejor me pregunto ¿cómo seducía a papá?, o este asunto de vestirse así es cruzando cierta edad?... en unos años más lo sabré…
Otra curiosidad que he descubierto. Uno acostumbra a dormir con una almohada, pero ya mamá va en la número 3, a diferencias de la Artemes que ya duerme sentada.
No sé qué afán es ese de acumular un montón de almohadas que ocupan hasta la mitad de la cama.
¡Ah! Y a propósito de noches, le encantan las películas a mamá, y sagradamente se pone sus audífonos, pero aquellos de orejas grandes, -se ve ¡divine!- de lo contrario el volumen es de 25, por lo tanto escucha hasta el vecino…y quien sabe si el conserje.
Pero esta postura de audífonos es porque la muy zorrita ve sus películas subidas de tono, refiérome a sexo incluido, entonces hace sus “remember” y se mete tanto en la escena que ni cuenta se da que uno entra al dormitorio y la cacha en estas movidillas nocturnas.
Sin ir más lejos un día hablamos de rehacer nuestras vidas, terminamos agarradas del moño y ¿cómo si no?. Ella dijo “si conociera a alguien para pasar el resto de mi vida acompañada, no me fijaría en uno setentón, tendría que ser uno sesentón”, yo la miré perpleja, y tartamudeando le contesté “pe- pero mami ¿qué qué onda usted?, es ¿qué acaso pretende quitarme al gordo?...  Achicó sus ojos, me miró displicente y más encima me respondió, “nunca me han gustado los gordos”.
No me puse celosa y saben qué? no me importaría, porque el gordo ¡ya ni sopla!...

                                                           Celeste

domingo, 26 de junio de 2011

SEGUNDA PARTE..."MIS AMIGAS"

CUMPLEAÑOS DE SANDY




Pasada la emoción, y entrega de regalos, vino el consabido e infaltable copetín, excepto la Vane quien cooperó con unos arrollados primaveras chino, y no me explico esa fijación que tiene la Vane con los arrolladitos chinos, porque carrete que tenemos, ella se apersona con este comistrajo.  ¿Será la forma del envoltorio que parece un “penechico”?...No lo sé, pero algo hay de estudio psicológico en el asunto. Pero ¡quién sabe si es por eso que está tan bonita ella!.

Cuando estábamos todas cómodamente sentadas y ya iniciando el tema de conversación, que la verdad sea dicha, nunca es un tema, puesto que saltamos de una cosa a otra con una rapidez extraordinaria, vino el momento de las fotos, en donde Paloma,  la hija pelolais de la Angie, nos sacó fotos en todas las poses y ángulos posibles. Momento fidedigno del carrete brujeril, el que queda de por vida no sólo grabado en los computadores, sino en nuestra memoria, la que crece atesorada con estos momentos maravillosos de sana amistad y camaradería.

Lo que puedo rescatar de todas nuestras conversaciones de esa noche, es una de la cual nos reímos muchísimo cada vez que recordamos el “gas social” de una de nosotras. Y que vale la pena dejarlo impreso en estas memorias. Ja-Ja-Ja.

En un día no muy lejano, en que estábamos al final de nuestro carrete, en donde ya quedábamos sólo Vanessa, Priscilla, Angie y yo, una de ellas, maniática por el orden y la limpieza, quiso adelantar trabajo para el otro día, y se agachó sigilosa a recoger los ceniceros y vasos sucios que iban quedando sobre las mesitas laterales,  justo en ese minuto en que ella se agacha, yo, quien estaba sentada en la esquina del sillón grande e inmediatamente al lado de una de las mesas, me pareció escuchar un sonido cantarín, el que venía por debajo de la pollera de la comadre, y cuando ésta iba camino  a la cocina cruzando el hall de entrada, se le aflojó un poco más el tambembe y quedó el sonido orquestado en un punto métrico de tres metros; entonces recién ahí volteó la cabeza hacia nosotras y se encontró con nuestras caras de real sorpresa, y el comentario atinado de mi persona en que le dije: “tírate otro y lo bailamos”; fue suficiente para abochornarla más de lo que ya estaba.  Soltamos la carcajada general entre las 3 que estábamos en el living.  Ella de inmediato se devuelve  sentándose en una banqueta y dirigiéndose a nosotras nos decía: -¡perdón!, ¡perdón!; ¡juro que no lo  quise hacer!,  es algo totalmente involuntario- argumentaba-, y no se daba cuenta que más la embarraba dando tantas explicaciones que no venían al caso, porque igual no podía tapar lo que ya estaba hecho y más encima orquestado y perfumado. Jamás olvidaré su cara cuando decía: -“nunca, nunca me había pasado esto en sociedad”; y nosotras nos reíamos cada vez más. Cuento corto, aquél día, terminamos la noche conversando lo atroz que se vuelve de vulnerable el poto, una vez que se afloja éste.

Y, por supuesto que aproveché de contar una anécdota propia sucedida años atrás, y que a diferencia de ésta que fue en “familia” (prácticamente), la mía fue en público y en donde no me pude hacer la lesa ni pasar piola.

Les contaba a las chicas que yo trabajaba en el último piso de un edificio antiguo en pleno centro de Santiago, y obviamente había varias oficinas públicas en distintos pisos, y como en esa época yo vendía un “cuantohay” de cosas, era por ende bastante conocida, o a lo menos me ubicaban.

Los días viernes por lo general en el casino almorzábamos platos especiales, y ese día precisamente, se me ocurrió comer achicoria con ajo, brócoli, coliflor, huevo duro y habas, acompañadas estas ensaladas de un rico bistec. Por lo mismo anduve toda la tarde “prendidita”. Ese día me tocó turno, por lo que fui la última en retirarme de la oficina, timbré el ascensor y mientras este subía, justo sentí la necesidad imperiosa de que mi pobre intestino respirara un poquito, porque tenía más que claro que a esa hora ya no quedaba nadie en el edificio, y como estábamos en el último piso, nadie tampoco llegaría hasta ahí, y ¡cual no sería mi equivocación!, cuando se abre la puerta de éste y me encuentro a boca de jarro con dos personas que inexplicablemente las llevé para arriba, y no me quedó otra que entrar al ascensor y el gas más fétido que yo haya olido en mi vida entró junto a mí. Me quería morir de vergüenza. Las mujeres que venían en el ascensor eran mis clientas de los quesos. No fui capaz de pedir disculpas, más bien cínicamente las miré a ellas bien feo, con expresión de que ¿qué onda ustedes?.  Ellas no aguantaron la risa y me dijeron; “harto bueno el queso que tú vendes”.
¡Uff! Qué bochorno, esas cosas solo me pasan a mi y a nadie más.

Así que para que mi amiga no se sintiera tan mal con su “gas social” le dije ¿viste?, no eres la única del “poto flojo”, y pasa en lo más encumbrado de esta sociedad.

PRIMERA PARTE "MIS AMIGAS"

MIS AMIGAS

Mis amigas son como un grupo de terapia. Nada mejor que juntarnos, y cuando las 6 coincidimos, mejor aún.
El sábado recién pasado decidimos reunirnos para festejar a Sandy, quien  hacía poco estuvo de cumpleaños.

         Angie, mi amiga del alma, y de toda una vida, tuvo la brillante idea de ir juntándonos una a una y coincidentemente resultamos todas parecidas en gustos, especialmente en el deseo de reunirnos, por lo menos una vez al mes, para pasarlo bien y hablar tonterías y porquerías también.

         Sandra, la festejada, es viuda, tiene 2 hijos, y desde hace bastante tiempo sin trabajo estable, pero es una mujer empeñosa y luchadora, así es que su trabajo diario consiste en salir a vender ropa interior por las oficinas. Trabajo que le permite vivir medianamente tranquila y llevar una vida decente, viviendo en un buen barrio y educando a sus hijos en la Universidad.


         Sandy, detrás de sus anteojos que le dan un aire serio y tímido a la vez, no necesariamente intelectual, es totalmente lo contrario, ya que es alegre y de un humor muy especial, lo que la hace más atractiva aún.


         No diré las edades, pero si éstas las multiplicamos  6 por 50, podríamos irnos  cuadrando.

          Sandy,  es la más…es la más, ¿cómo decirlo para que no resulte poco fino?... la más apasionada del grupo. Ella no puede estar sin pareja, por lo que no discrimina mucho al momento de elegirla. Desde hace algún tiempo la acompaña en sus ratos de “crisis carnal”, como le llamo yo a las necesidades biológicas básicas, un tal Hortencio. Masajista-terapeuta profesional, bordeando los 60, con un físico, según cuenta  Sandy, que ya lo quisiera poseer cualquiera. La ventaja de conservarse tan bien, -cuenta ella- es que ahorra en pastillitas azules, por no ser necesarias para satisfacer a esta tigresa hambrienta. 

         Dentro de sus anécdotas amorosas, tiene una muy divertida. Hace unos años atrás fue al médico por un problema hormonal. El doctor, le recetó un remedio que la anduvo trayendo especialmente encabritada, el asunto es que no encontró nada mejor que tirársele al dulce al Bodeguero de la Empresa en donde ella tenía un cargo de Jefe. Iban, supuestamente al cine en el auto de Sandy, pero derechamente ésta le sampó de una, que por qué no iban a un motel, y ¡ya!. Una vez saciado el apetito descomunal de la comadre, lo ignoró por el resto de su vida y archivó el caso en lo más recóndito de su memoria, puesto que atentaba contra su dignidad de mujer profesional, Jefe, señora viuda, madre ejemplar ¡en fin!... Y si el Bodeguero aquél, unos años menor que ella con el físico parecido a un actor de cine, hubiese abierto su bocota, nadie le habría creído dada la imagen que proyecta Sandra.

Quedó viuda demasiado joven. Esa es mi conclusión.

Sandy y Angie se conocieron estudiando en la Universidad.

Vanessa, quien siempre contesta cuando una la saluda “aquí estoy vivita y coleando”, ya explicaré el por qué. Es de las solteras inteligentes. Nada de cartucha y a pesar de no casarse aún, no es algo que la preocupe, en absoluto, porque su rol de madre lo ha realizado mejor que si lo fuera biológicamente.  Muy querendona de sus sobrinos. Fue prácticamente criada por su hermana mayor Licha y su cuñado Roberto. Regalona a más no poder.






         Lo de vivita y coleando, tiene su origen, creo yo, a raíz de su adicción al “bisturí”, diría que es pionera en remodelación estética, ¡tiene una fijación por estar en posición horizontal en una camilla de quirófano!. Yo no sé cómo no aprovecha las ofertas de “pack” o “combos” para no ser cliente frecuente en las Clínicas. Así es que su sueldo, me queda claro, lo divide  en dos: Placeres e Intervenciones quirúrgicas. Y los bonos extras, asignaciones y aguinaldos, en los sobrinos.

En este último encuentro, miré detenidamente a Vane, quien estaba exenta de pintura de guerra, y la encontré muy bonita. Tiene lindo color de cutis y lindas facciones. No representa para nada la edad que tiene. Si yo tuviese que asesorarla en imagen, le haría unos visos rubio ceniza en su cabello y le dejaría su chasquilla bien larga y coquetona peinada hacia el lado.

La Vane es una  chica ABC1, como se hace llamar en su red de amigos por Internet, para así codearse con alguien de su ambiente y no con cualquier “roto”. Sin embargo, igual ha conocido hombres que no han resultado ser muy buenos pretendientes que digamos. Sin ir más lejos, por ejemplo uno de Valpo apodado por ella como “La Joyita del Pacífico”. Este hombrecito la tenía embobada con sus encantos y despliegue varonil, pero sólo duró hasta cuando Vanessa descubrió que no era la única en su vida, y urdiendo una estrategia con su rival, que resultó ser una periodista de un prestigiado Diario nacional, lo desenmascararon juntas, quedando totalmente en pelotas frente a ellas, sin nada que argumentar, y para peor se quedó sin las dos ¡de un paragüazo!, el muy pelmazo.

         Vane es temeraria. Nada que hacer con ella. Un buen día salió despavorida detrás del amor de su vida. Concertó una cita a ciegas con un Uruguayo. Partió sin escuchar consejos de su hermana, y sin oír nada de nada ni de nadie. Ella fue enceguecida a conocer a su nuevo amigo virtual en un sitio “neutro”, tierra de nadie…. en Buenos Aires.  Lo conoció, lo pasó chancho, y luego descubrió en las típicas confidencias de almohada (que digo yo) que este señor era un Traficante, no recuerdo de qué, pero mafioso al fin y al cabo. Vane es aventurera por naturaleza, no solo por sus aventuras amorosas, sino que también por su afición  a los viajes de placer.

Ella sabe disfrutar la vida. Esa es mi conclusión.
Vanessa y Angie se conocieron trabajando en cargos gerenciales en una gran empresa.


         Maricela, la dulce Maricela. divorciada a la buena, tengo entendido, por la relación civilizada que tiene con su ex, con 3 hijos.  La mayor, Polly, se fue con su amor a Alemania a iniciar una nueva vida. Darianne  estudia en la U., y no está exenta de los problemas de las adolescentes, lo que la lleva a Maricela a estar muy alerta a las necesidades de su sensible hija, al igual que con Alex quien aún está en el colegio y es el hombre de la casa.






Maricela es una de las tantas mujeres de profesión arquitecto que se encuentra cesante. Pero ella es mujer de mucho “punch” y no obstante carecer de una fuente de trabajo, se las arregla para salir adelante con sus hijos.

Es mujer culta de cuna. No entiendo que encaje con nosotras que hablamos sólo banalidades. Quizás con ello encuentra el justo equilibrio, de lo contrario sería muy monótona su vida. Ojalá nunca se canse de nosotras, porque su aporte cultural es básico en nuestros encuentros.

Las narraciones de Maricela, respecto a sus conquistas amorosas, suelen ser muy entretenidas ya que es una romántica soñadora, que aún sueña y cree en las historias con príncipes azules y un happy end. Para enredarse con alguien no lo hace sólo por un deseo carnal, agregado a ello debe existir  un sentimiento profundo de valoración y respeto mutuo. Alguien que aporte a su vida algo más que un suspiro y una noche salvaje. Y en este compás de espera lleva harto tiempo,  y creemos que con las artimañas que le hemos ido entregando en nuestras sesiones terapéuticas, estoy segura que más de un pez ha de pescar el anzuelo.

Maricela encontrará a  ése que la haga tambalear, ojalá no sea tan mayor como acostumbra, para que alguna vez descubra con gran asombro lo que es el punto G.  Ji-ji. Es mi opinión.

Maricela y Angie se conocen desde niñas, ambas vivían en el mismo barrio.


Priscilla, la Pris, es hermana de Angie. Hace poco tiempo, después de veintitantos años de matrimonio, y de aguantar a un hombre-mochila (así le llamo yo a los hombres que viven a expensas de la mujer la mayor parte del tiempo), se hartó y decidió seguir el camino sola junto a sus niños. Nunca había conocido a una mujer que se sintiera más liberada y riera constantemente de puro gustito al vivenciar la maravilla que significa estar sola. Disponer de su tiempo para ella y sus dos querubines universitarios, Cristina y Javier, ha sido lo que más le ha gustado en su vida.



Pris es una mujer de carácter fuerte.  Tremendamente disciplinada en su vida económica. Estructurada respecto a la crianza de los hijos. No transa mucho con los deslices. Una madraza como pocas. Gallina de alas grandes y acogedora.  Protectora de los débiles, especialmente de los viejos.

No tiene experiencias extramatrimoniales,  y tampoco piensa agendarlas. No tiene ¡puta idea! de lo que es el punto G.; su gran pozo de amor piensa vaciarlo en  el Asilo de Ancianos que tiene proyectado instalar junto a un matrimonio amigo, mientras tanto ordena las finanzas en el condominio en donde vive. 

Su mejor virtud, la Paciencia, la cual puso a prueba durante 15 años en que estuvo trabajando con un renombrado Abogado. Allí aprendió a hacer múltiples tareas a la vez, y sin cometer errores. Escribir en el computer, atender teléfono multiuso con alta voz, enviar mensajes por celular, con una patita abrir el tarro de la basura,  mientras con el plumero en el tambembe echar la basura a éste. Pero valía la pena porque le pagaban muy bien.

Pris tiene la felicidad en sus manos. Es su FE en DIOS y lo agradecida que es de las bondades que El le ha regalado. Lo merece. La dura.


         Angie, es un ángel de Dios. Buena como el pan con chancho.  Es la única que aún ostenta marido y a mucha honra. Se sacó la lotería y nosotras también, porque gracias a los continuos viajes de su marido empresario y los recortes del presupuesto familiar que hace la Angie cuando éste viaja, especialmente al extranjero, es cuando nos reunimos y arrasamos con todo lo que es mastique y copete.  Supiera su marido Néstor, como corren los mails de rápido organizando aquelarres, y la felicidad que manifiesta su señora esposa de verse libre del yugo conyugal. Bueno, es cosa que analice las fotos nada más.






Junto a Angie tenemos la verdadera Maestra del Sexo. Ella sabe de  películas pornos, jueguitos sexuales, (y juguetitos también) fantasías eróticas, noches con trasnoche; Mañaneras con carrete, postres de todos los tipos, y no sólo conoce la letra G, sino todo el abecedario.

Es femenina, delicada, facha de cuica y “una dama de salón”. Ella en Sociedad jamás haría algo que la avergonzara, ¡claro! excepto con nosotras que la queremos tal cual.

Angie es la esposa Becada por su marido. Actualmente no tiene trabajo, y por lo mismo no tiene tiempo para nada, ya que el día para ella comienza a las 12 Pm.,

Es de amores profundos, especialmente con sus tres amores,  Matías el Fotógrafo, Bastián el estudiante universitario y Paloma, una lola pelolais de 17, que egresa este año de Enseñanza Media.

Como les decía, la última vez que nos juntamos fue el sábado recién pasado. La Angie con la mentira a flor de labios le urdió un cuento tan convincente a Sandy que ésta quedó “clarísima” de que tendría que ir a buscar a Angie a las 20:30 p.m., del día sábado, porque irían a ver al teatro nada más y nada menos que al Coco Le Grand, ¡pobre Sandy!, ilusionada como cabra e’quince, se amononó o enchuló, como lo prefieran, para tal evento, sin sospechar que se estaba organizando su cumpleaños a espaldas de ella.

Llegamos todas a las “ocho en punto”, como lo ordenó la dueña de casa, excepto Maricela que estaba muy resfriada, y debía cuidarse puesto que este lunes recién pasado entraba a trabajar, y obviamente no podía fallar. Así es que nos encontrábamos Angie, Vanessa, Priscilla y yo, esperando que llegara Sandra.

Ésta tocó el timbre y se vio obligada a llegar hasta el living, en donde Angie después de saludarla, encendió la luz de la mesita lateral en el living y aparecimos nosotras con un ¡SORPRESA!, y la verdad es que contrario a lo que pensábamos, no se enojó, más bien, se emocionó.
Continuará….