jueves, 4 de agosto de 2011

CLOÉ...LA ASISTENTE SOCIAL


COSCACHOS INESPERADOS
Siempre he admirado a las Asistentes Sociales, primero porque no hay dudas que tienen una gran vocación, especialmente por prestar oídos a problemas ajenos y segundo, que éstos los deben solucionar, aún a riesgo de su propia vida.
Pero de todas las profesionales que he conocido, como Cloé no hay otra igual.
Como ya saben, ella trabaja en una gran empresa de pollos congelados, y por ende tiene muchos casos que atender…
Desgraciadamente un día debió dar una triste primicia a la mujer de un conductor de uno de los camiones de la empresa, éste se había accidentado y falleció en el mismo lugar. Por lo que  ella tuvo que comunicar a la viuda “sí o sí” tan fatal noticia.
Era la primera vez que debía dar tal información, y en el trayecto desde la empresa a la vivienda del difunto, ensayó en su mente mil maneras de decirle a la señora Rosita como es que su marido había pasado a mejor vida. “La abrazaré apenas la vea”;  “no, mejor espero a que estemos solitas”; “¿cómo empezaré  a decirle?”; “¡qué terrible! ¿por qué crestas me toca esto a mí?”, “¡qué difícil!”. “Debería haber venido conmigo alguien de recursos humanos”. “Me mandan con el chofer, y él ¿en qué me puede ayudar?…” y así llegó a la casita de población humilde, muy bonita y acogedora. Tocó la puerta y sale a abrir una abuelita, y ésta le dice que pase, que la Rosita está en el patio. 
Cloé pensó que sería mejor que no estuviese presente la abuelita, así es que ella misma salió al patio y comenzó a decirle a Rosita que: “lamentablemente Juan había tenido un accidente y…”; no alcanzó a terminar de dar la mala noticia, cuando la mujercita se abalanzó sobre ella con un grito desgarrador que casi la dejó sorda, y comenzó a darle de puñetes a la pobre Cloé, y a mechonearla como si hubiese sido una muñeca de trapo, porque para peor, la Cló es flaca y menuda.
La abuelita no cachaba una de lo que pasaba. Repetía insistentemente, -lo que recuerda Cloé-,  ¿ésta es la otra?, ¿ésta es la otra?...
Afuera el chofer esperando, escuchaba aquellos gritos de ambas mujeres y pensaba “tan histéricas que son las minas”, sin imaginar siquiera que a Cloé la iban a mandar de vueltas a la empresa toda cacheteada y mechoneada.
Continuará…
No se pierda “El Funeral”
Celeste

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