RECUERDOS DE ARICA…. Entrando a la vida social
Corría el año…, no, el año no se puede decir, digamos que era cuando los militares estuvieron súper de moda, y para no ser menos y como siempre ando a la moda, yo pololeaba con uno de ellos, justo en la época en que me licenciaba de cuarto medio.
En esos tiempos se usaban los trajes largos, y los morlacos por casa andaban bastante escasos, así es que me acomodé como pude el vestido con el que se había licenciado mi hermana mayor el año anterior, era bien bonito, y yo me veía linda. Peinada de peluquería, mis pestañas largas muy maquilladas le daban un realce especial a mi simpática mirada. Sobre mis hombros colgaba en forma casual un tapado de brocato que mamá había mandado a achicar para que yo por lo menos me viera con algo “nuevo”, y recuerdo las palabras textuales de mi progenitora: “una hija mía no puede desentonar acompañada de un oficial” …
Mi mamá… ni sospechaba ¡cómo iba yo a desentonar!...
Entonces Pablo, gentil que era, y con bagaje en lo social (ya era Teniente) y yo recién una cabra chica de 17, me invitó a que nos tomáramos un aperitivo en el Hotel El Paso, que quedaba justo al lado del Casino.
Yo me creía la muerte con mi tenida y mis tacos altos color blanco, con una correa en el talón, que se me salía a cada rato, y no acostumbrada a los tacos “aguja”, caminaba como bailando, pero digna, siempre digna.
Entramos al bar y nos sentamos en una mesa, que nunca olvidaré, -para mi todo era novedad- la cubría un mantel, encima había un cenicero, un porta servilletas y no sé por qué diablos, pero también había un “azucarero”.
Llegó el mozo y ofreció aperitivo. Haciéndome la “putifrunci” pedí una “primavera suave”, él pidió una vaina, y mientras esperábamos yo recorría con la mirada el lugar. En la barra había unos extranjeros tomando cerveza, y en una que otra mesa algunas parejas.
Nos tomamos nuestros aperitivos, Pablo miró la hora y me dijo: “vamos caminando porque ya deben haber llegado tus compañeras”,, pagó la cuenta y acto seguido y caballeroso que era –igualito como son ahora los varones- se paró de su asiento para retirar mi silla, y todo sucedió en unos locos segundos.
Me paré de la silla y de inmediato me di cuenta que los tacos de mis zapatos se me habían enredado en el ruedo del vestido, entonces rápida que soy para resolver mis problemas, me dije: me siento, saco los tacos del ruedo del vestido y ¡listo!, todo en una fracción de segundos, pero no contaba con la caballerosidad de Pablo, quien ya me había retirado la silla, así es que cuando me vi sin sostenedor de tambembe, me agarré del mantel de la mesa y me fui de “espalditas al suelo con mantel y azucarero incluido”, paré las patitas, como se dice, y el “caballero” con que yo creía que andaba, en vez de pararme de inmediato ante tal bochorno, ¡sentóse a reír de mí!...¡valor!... y en conjunto con todos los presentes del lugar, también los que se reían en otro idioma.
Pero ello no sería nada, el azucarero me cayó en la cara y quedé con azúcar en las pestañas y el pelo escarmenado con que andaba, y pá que decir como sentía el azúcar entre medio de las pechugas.
El que solícito ayudó a pararme del suelo, por supuesto que fue el mozo, y salí caminando con la frente muy en alto, con mi porte de reina jurando que nunca más volvería a entrar a ese bar.
Y nunca más entré.
Celeste

Hola
ResponderEliminarMe llamo Alejandra y soy administradora de un directorio web/blog y me ha gustado mucho su sitio.
Me gustaría contar con su sitio en mi directorio, a cambio solo pido un pequeño enlace a mi página de películas, ¿Qué le parece la idea?
Mi correo es: ale.villar@hotmail.com
Un beso! y SueRte con su BloG!
Alejandra Villar