domingo, 19 de junio de 2011

UNA FAMILIA SINGULAR... Iª PARTE

LOS WEHBBE ARAYA DE RINCÓN


Asomaba el amanecer. Me pareció sentir el cantar de un gallo. Di media vuelta en mi cama, me arrellené un poquitín y me dije “me alcanza el tiempo para otro cachorrito” (léase dormir otro poco). Ello duró hasta que sentí la acariciante voz de mi padre, de nombre  Samuel, supuse ya bañado, afeitado y lavado de dientes, porque al parecer después de esta rutina diaria, él recupera toda su hombría y se pone guapo sacando la voz de mando, no sé si de General en retiro o patrón de fundo:
-¡¿dónde crestas dejan el té en esta casa?!!
Desperté, no tenía nada más qué hacer ni pensar, me había quedado dormida, de un brinco a la cocina fui a dar, ya que el trayecto es más corto que viraje de laucha. Nuestra casa es chica, lo que se llama chica; comúnmente se les dice 2x2.
En un segundo me quedó todo clarito. De veras que mamá y Vicente, mi hijo de 4 años, no habían dormido en casa, habían tenido que ir ineludiblemente  a dormir donde mi hermana Anita, y todo a raíz de la tremenda batahola que se había armado el día anterior, sólo con la breve visita de dos horas de mi cuñada Laura. Y  yo debía ir a la oficina y antes que ello tenía que sacar la basura, y de pronto estoy frente a papá y mi saludo de mañana fue un:
-      Y usted ¿por qué no me despertó? – con voz de mando también, ( tengo a quien salir).
-      ¡Y qué se yo que usted deba levantarse!. –me contestó, dando un portazo tras de sí.
Pobre papá, cree que yo tengo vacaciones eternas. En fin, se fue a su trabajo, sin los sanguchitos que ordenó mamá preparar, y lo que es peor , sin su yogurt de las 10 de la mañana en punto que debe consabidamente tomar.
“Bueno” –pensé- “no  es mi problema” –como dice mamá, y después camina muy ufana-. Lo mismo hice yo.
Y aquí estoy hoy en la oficina, en un día 04 de febrero, sin ningún problema, por ahora, porque lo que es ayer, podría decir que yo no tuve problemas, pero, ¿por qué será que sin querer los problemas que no son mis problemas, son mis problemas?.
Me explico.

Ayer 3 de Febrero, venía de vueltas del parque después de haber llevado a mi hijo Vicente a jugar un rato, y contenta de tomar un té con mi cuñada Laura y mis sobrinas Laurita, Francisca y Graciela, quienes venían arribando desde la ciudad de Iquique, después de haber pasado unos días de vacaciones junto a la abuela materna.
Menester es indicar que esta familia reside en la actualidad en la ciudad de Punta Arenas, y cuando deciden viajar al norte del país, es un movimiento descomunal que se arma  en todo el familión, porque las nenas viajan con un sinfín de maletas, maletitas, bolsos, bolsitos, mochilas y mochilitas, y ahora que no está la mochilita de Laurita, ya sería un bulto menos que contar. Por lo que nos debe quedar claro que mi cuñis y las nenas cuando llegan a la capital forzosamente  deben transportarse en vehículo.
Para ello Anita,  desprendida como siempre, le pasó de inmediato a Laura su auto “asegurado Daewood  Racer, full equipo” para que se desplazara desde Vitacura a Ñuñoa, ya  que las nietecitas debían saludar a sus abuelitos paternos.
Llegaron las nenas y la nuera favorita de mis papás - (tenemos solo un hermano)-  a compartir un rato, dejando estacionado  el vehículo enfrente de la casa, cargadito se veía desde el comedor, parecía carromato de feria –echadito para atrás- .
Laura quería que la visita fuera corta, quería llegar luego al Hotel a descansar. Pero antes llamó a Iquique para saber cómo seguía su madre, ya que cuando la dejó ese mediodía tenía un dolor fuerte en el pecho.
Mientras Laura hablaba por teléfono yo salí con las niñitas a la calle. De pronto vimos vidrios en el suelo. Lo primero que se me vino a la mente es que algún vehículo al doblar la esquina  habría pasado a llevar el foco del vehículo. Pero no, lo que ocurrió es que un infeliz había roto un vidrio del auto de Anita y se robó la mochilita de Laurita con todos sus documentos, y la alarma del auto estaba puesta y no sonó. -¡Qué curioso!- dijo papá, y yo también.
Y comenzó el dimes y diretes que entre tanta gente suena como a un tremendo escándalo…como algo siniestro que flota en el ambiente, quedando con el corazón  contreñido, y después reflexionando uno se da cuenta que “la huevá no era para tanto”.
En fin, ahora pienso en Laura, pobrecita. En tanto ocurría todo este despelote afuera de la casa, ella con los ojos abiertos como platos, escuchaba en la línea que su mamá se encontraba en la UCI con un infarto,  preguntaba detalles que le entraban por un oído, por el otro mientras tanto, que estaba atento aquí en Santiago, escuchaba de distintas bocas que -¿qué más se  habrán choreado?,- -menos mal que fue el vidrio chico-,  -menos mal también que el seguro responde-, y ahora ¿cómo nos vamos al hotel?. En fin, decidió dejar en suspenso a la tía Lala y cortó la llamada, para enterarse de lo que estaba pasando por Santiago en casa de sus suegros.
Todo el mundo le hablaba a la vez. Los comentarios más atinados eran los de Graciela, la menor, pero obviamente nadie le daba pelota, sólo yo que trataba de asimilar todo lo que ocurría porque lo encontraba tragicómico, y es que sabía lo que venía después,  ya que conocía los desenlaces en las historias de esta familia.
Pensé, no es el día de mi cuñada, más vale que se acueste pronto y se duerma, porque mañana será otro día… Y también pensaba yo, menos mal que no es mi problema.
Se decidió llamar a Anita, la dueña del auto averiado, porque a esas alturas ya estábamos claros que Laura ya no se iría al Hotel en ese auto. Debo agregar que Ana es la mandamás de la familia. Nada se hace ni se dice sin contar con su opinión. Y no me equivoqué llamándola, porque sin pensarlo dos veces dio las directrices de lo que había que hacer, y que obviamente todo el mundo acató sin pensar.  ¿Para qué pensar, dije yo, cuando es ella la que piensa por todos?. Dio la orden perentoria:
-      Ya, yo voy para allá con Fabián –uno de sus hijos- y así me traigo el auto.
Entonces en casa se arreglaba la situación de la siguiente manera:  Mamá o papá irían a dejar a Laura y las Nenas  al Hotel, con las maletas….y demases.  Mejor Papá, porque la camioneta es para este tipo de mudanzas, por lo que él, proactivo que es, primero sacó el auto Suzuki Swift de mi hermana Victoria, qué no recuerdo porque está guardado en casa, el humilde Renault  de mamá, y finalmente su camioneta, es decir, en la cuadra ya habían cuatro vehículos disponibles para movilizar a esta familia.
Mamá con su aprehensión de siempre, entró al living de la casa las maletas, maletitas, bolsos y todo lo que ya sabemos, con lo cual ocupó cuánto lugar pilló en la 2x2. El único lugar visible, era el lugar donde papá se sienta a ver sus noticias. Ese lugar es sagrado.
Laura en el intertanto llamó a su esposo, el que es mi hermano, quien se encuentra en Punta Arenas preparando su viaje a Santiago también. Feliz él allá de estar solo, sin el cotorreo de sus cuatro mujeres,  e ignorante hasta ese minuto de lo que ocurría por acá.
Yo me pregunto, ¿por qué será que cuando uno tiene unos problemas terribles, no quieren que sean sólo de uno, sino que dale con embarrarle la onda al compañero?, ah?, eso es querer…?.
Para eso se casan, “en las buenas y en las malas” como dijo el curita, y ahí estaba él, en las malas con ella, apoyándola y alentándola con lo de su madre. Y una orden imperativa: “Laurita  debía dejar constancia en Carabineros por la pérdida de su carné de identidad”.
Lo encontramos muy atinado, ya que alguien acotó, que ello serviría para presentar el asunto ante la compañía de seguros “Le Mans”, pero, los peros en mi familia son siempre grandes y gordos. Mi hermana  Ana prestó el auto de muy buen corazón, pero no así los documentos a Laura, pero de puro volada que es. Entonces así  no se podía ir a Carabineros.
En eso llegó Fabián –el hijo de Ana- solo en su autito.
-Mamá viene atrás- dijo
Yo pensé, ¿cómo?, no vendría ella con él. Pero no dije nada porque ya dije, yo no debo pensar.
Por lo tanto, partimos a Carabineros, Fabián, Laura, Laurita y yo, porque según mi cuñis, yo entendía de estas cosas.

CONTINUARÁ…..

No hay comentarios:

Publicar un comentario