miércoles, 22 de junio de 2011

UNA FAMILIA SINGULAR... IIª PARTE

LOS WEHBBE ARAYA DE RINCÓN

Y a la Comisaría Los Guindos, en un abrir y cerrar de ojos fuimos a dar, y ¿quién era la que se sentó frente al carabinero?, yo pues, porque era la “entendida”, según Laura. Menos mal que entendía…
-      Buenas tardes –saludó serio el joven detrás del escritorio.
-      Buenas tardes-  le sonreí con mi simpatía habitual. Ji-ji.
-      Su carné de identidad- sin devolver  sonrisa siquiera.
-      Aquí está.-  Se lo entregué en sus manos.
 Tecleando rápidamente mi nombre. –Su edad señora?- agregó.
Pero, pensé, ¿cómo es posible que este impertinente me pregunte mi edad delante de mis sobrinos?. Porque así es como se sienten después con el derecho de decir si mi tía tiene tanto, mi mamá tiene…ihhh!, y agregarían ¡puchas que está acabada mi tía Celeste!, ésa soy yo.
El tipo seguía tipeando a todo dar en la máquina, la que ya echaba humito, y sólo con dos deditos.
-Motivo de la denuncia-.
-La pérdida del carné de identidad de ella- indicando a Laurita.
-¿Cómo ocurrieron los hechos?
-¿Cómo ocurrieron los hechos? Repliqué. Y ahí entendí que además había que explicar un  problema que no era mi problema, y el cuento fue más o menos así.
-Mi cuñada…-dije yo indicando a Laura que estaba detrás de mí en diagonal.
-¿qué tiene que ver su cuñada? –dijo el Paco- ¿cuándo la que perdió el documento  fue ella- indicando a Laurita.
- es que ella es su mamá-  y me explayé- Y entonces ella viene llegando de viaje y dejó en el auto un bolso y una mochila y alguien rompió un vidrio y sacó la mochila donde estaban los documentos de mi sobrina.
- Ya –dijo el hombre, -¿está asegurado el auto?
- Sí- contesté segura.
- ¿Cómo se llama la Compañía de Seguros?
- eh?-como pillada en falta, a lo que Fabián contestó desde donde estaba sentado
-Le Mans.
- ¿La patente de su auto?- Me dieron ganas de decir ¡ni puta idea!, pero no, contesté sincera y decentemente.
- No la sé.
El Sr. Carabinero  muy puesto en su lugar, estaba empezando a no comprender, y ya no estaba teniendo cara de puesto en su lugar…
-¿Cómo?, no sabe la patente de “su” auto?
- es que no es mi auto. Es de mi hermana que se lo prestó a mi cuñada, y…
- ¿dónde está su hermana? –me interrumpió el mal educado.
- Ella no está aquí, porque le insisto, le prestó el auto a ella –indiqué a Laura,
- A ver, a ver- dijo el Paco medio impaciente ya- Y el muy saco de peras no tenía nada que ver, sólo “comprender”.
- ¿De quién es la dirección? – preguntó, y más serio que perro en bote.
- Mía –respondí yo-  suspiré profundo y nuevamente indicando a mi cuñis- ella estaba en mi casa con el auto de mi hermana.
-ah! Ya –con un dejo de molestia- Señora tome el teléfono y llame a su hermana y pregúntele por la patente.
Supuse que Anita había llegado ya a casa. Ella misma contestó el teléfono. Yo de lo más señora, suave, discreta y educada, dado el lugar donde nos encontrábamos, le pregunté casi en un susurro por los datos que quería el Carabis.
Ana preguntó rápido como es su costumbre, con su voz de mando.
-¿Estás haciendo denuncia o constancia?
- Mi Sargento  -sabía que era cabo, pero en estas situaciones hay que subirles el grado- esto es denuncia o constancia?
-  Denuncia  -contestó en voz alta- con la misma voz alta que se escuchó al otro lado del teléfono de la dama en cuestión que se dice mi hermana.
- ¿Denuncia? - ¡¡No quiero ni una huevá de denuncia!!, porque yo no voy a andar en los tribunales h…. y….- no recuerdo más, sólo sé que puse cara de circunstancias y cortamos el amable diálogo, no sin antes que me gritara la patente.
Seguimos explicándole al Cabo detalles del robo, el valor y la necesidad de recuperar el carné de Laurita, ya que sólo en unos días más debía salir del país y que la niña era hija de un Oficial de las FF.AA. y por ende la connotada señora sentada en diagonal detrás de mí, era la esposa, y Fabián el  primo de la señorita e hijo de la dueña del daewood full equipo, y yo ¡quien soy no más pues!,  fue suficiente para que el Carabis nos dejara bien claro que ahí mandaba él, y que le importaba un carajo quienes éramos, y ni todas las joyas que ostentaba mi cuñis  lo intimidaron y menos marca de autos y viajes al extranjero,  así que nos fuimos como perritos apaleados para la casa, con la “denuncia” hecha en un papel que decía textual, “constancia”.
Nos subimos nuevamente bien apretujados al auto de Fabián y respirando profundo en cada lomo de toro para no topar abajo, llegamos hasta mi casa, y por Dios santo que había más autos que familia.

Anita nos salió a recibir, apenas Fabián dobló la esquina, no alcanzamos ni a bajarnos del auto cuando escuchamos a su madre, tan dama como de costumbre:
-      ¡¡Jetón!!, ¡gracias por haberme hecho pensar!.
-      ¿Qué hice yo ahora? – preguntó Fabián
-      Se suponía que yo venía a buscar mi auto y me vine en el de tu papá, y ahora ¡cómo crestas nos lo llevamos!. No ves que nos sobra un auto de todas maneras?.
Yo pensé, aquí sobran varios, y todos a disposición de una sola familia.
Y mi pobre cuñis atribulada con lo de su madre, más encima debía escuchar a la matriarca Ana que  le dijera a su marido, nuestro hermano, que nadie lo esperaría en el aeropuerto, así es que se las arreglara como pudiera.
Y la ilusión de Laura de ir a esperar a su marido junto a sus tres nenas, rozagantes de salud, quedaron en éso, sólo ilusión.
Yo estaba realmente agotada con sólo dos horas de trifulca, y pensando en todo lo que me esperaba cuando todos se fueran… Entré a la casa zigzagueando entre medio de los bultos en busca de algún orden de ideas, porque con tanto tema disperso, resoluciones que tomar, cuál no sería mi sorpresa al ver a la Nana, que siempre aparece como un hada madrina poniendo orden en casa. Estaba todo OK, la loza de la hora del té lavada, el mantel en su lugar, Vicente ya había comido, y ¡oh! El necesaire de mamá convenientemente arreglado con pijama de niño, camisa de dormir, mamadera y churrines  para el otro día. Todo claro, alguien iba a dormir afuera, pero ¿quién?, no, no, ya no era hora para ponerse a pensar, ¿para qué pensar? y a juzgar por la cara de mamá de girls scout, siempre lista, me dice gustosa:  “todo arreglado”, “Vichito y yo nos iremos a dormir donde Anita, y así me llevo el auto que sobra.  Mientras tanto tu papá se llevará las maletas al hotel, y Ana llevará a Laura y las nenas. Se despidieron todos y mamá agrega, “tú te encargas de tu papá”.
Y mi papá no es mi problema.

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